No imaginé que estaría ahí, acechándome en la esquina, pero últimamente es así. El otro día me hizo parar frente a una casa con la reja baja, no mucho más alta que yo. La valla eléctrica que la coronaba provocaba tocarla. Asirme a ella, a ver si esto traía consecuencias. Esa vez logró confundirme: creí que el impulso nacía de mi interior, pero si hago memoria aún puedo escucharla musitando en mi oído: “Tócalo, tócalo. Será rápido”.
Quién sabe cuántas otras trampas me ha tendido, quién sabe si tan solo he corrido con suerte hasta ahora y si puede agotárseme en cualquier momento.
Desde que las marchantas vienen cargadas de cempasúchitl siento que me sigue a todas partes. La veo en afiches, aparadores, ornamentos, bardas y volantes.
Veo cómo ella me mira y me pela los dientes, burlona. Le ha de dar un gusto traerlos a todos empalagados con tanto olor a frutas, a pan, a flores y a incienso; atontados con el cuento de que les devolverá a sus muertitos por un día. Muy festivo, muy bonito... A mí no me hace gracia, ya con lo mío tengo suficiente. La oigo dentro de mi cabeza, recordándome cuánto apesta mi trabajo y lo mal que se me da fingir que no la quiero más que a nada. Yo creo que ya me le volví un capricho, porque nada más no veo cómo podría aportarle a su fiesta colorida con mi nutrida escala de grises.
Hace unos momentos logré burlarte. Me escapé por poco, y no sé si esto me pone de buenas. Mejor hubiera sido haber acelerado el paso y entorpecerte la noche al ser retenida por las patrullas. Eso sí que me hubiera hecho mucha gracia, o quizás ya nada me haría gracia para entonces.
Los días han sido largos; ameritan un largo y reparador sueño. El cansancio me lo pide. Esta noche triplicaré la dosis de barbitúricos.
Desde que las marchantas vienen cargadas de cempasúchitl siento que me sigue a todas partes. La veo en afiches, aparadores, ornamentos, bardas y volantes.
Veo cómo ella me mira y me pela los dientes, burlona. Le ha de dar un gusto traerlos a todos empalagados con tanto olor a frutas, a pan, a flores y a incienso; atontados con el cuento de que les devolverá a sus muertitos por un día. Muy festivo, muy bonito... A mí no me hace gracia, ya con lo mío tengo suficiente. La oigo dentro de mi cabeza, recordándome cuánto apesta mi trabajo y lo mal que se me da fingir que no la quiero más que a nada. Yo creo que ya me le volví un capricho, porque nada más no veo cómo podría aportarle a su fiesta colorida con mi nutrida escala de grises.
Hace unos momentos logré burlarte. Me escapé por poco, y no sé si esto me pone de buenas. Mejor hubiera sido haber acelerado el paso y entorpecerte la noche al ser retenida por las patrullas. Eso sí que me hubiera hecho mucha gracia, o quizás ya nada me haría gracia para entonces.
Los días han sido largos; ameritan un largo y reparador sueño. El cansancio me lo pide. Esta noche triplicaré la dosis de barbitúricos.
A que no me atrapas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario