jueves, 2 de noviembre de 2017

Calaverita a San Luis Potosí - Oswaldo Ríos Medrano


El enterrador - Berenice Barragán

Ya había enterrado a sus padres, a su hermana y a más de tres mil almas. El dolor era parte de su trabajo y de su vida. Le pagaban una miseria, pero la paz no tenía ningún precio. Aquella noche que escuchó a ladrones profanando los ataúdes, salió enojado con un hacha. El hombre busco a los individuos por perturbar su tranquilidad, dispuesto a darles un susto se adentró en la oscuridad entre los sepulcros.

¡Los encontró! Hurgaban en la tumba de Cristóbal Vargas, con un epitafio que decía:

De tantos muertos enterrados, ni enterado estaba de su muerte.

Qué cabrona...

«Hacemos el balance de nuestra vida, pero sabemos que el verdadero fiscal es la muerte y que su veredicto lo conocemos de antemano. Compañera final e inevitable. Pero ¿amiga o enemiga? Enemiga y, más que enemiga, rival, cuando nos arrebata a un ser amado. Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos...»

Minicuentos - Nadia Macías

1. Nota de un suicida (tal vez era poeta):
Maté el cuerpo pero no mi vida. (Mi alma sigue viva).

2. María No entendiendo por qué lloran, toda la gente al rededor anda tan deprimida. El instante se detiene cuando me encuentro. ¡Es mi habitación! Es la que está envuelta en olor a crisantemos y a vela encendida. Y sus miradas son el eco de sus palabras al decirme: “pobre ¿por qué fue así su vida?”

3. Otra nota suicida encontrada en el baño y sin suicida:
Si yo muero tú mueres y eso me mataría...

4. Chris Cornell
La leyenda nace cuando el hombre muere ¿Quien sigue?

Penas - Juan Antonio Reyes Agüero

Las lágrimas son finitas, en tanto que infinita es la pena. Las lágrimas pasan entre pena y pena, pasan y las lavan. Pero llega el momento en que con la última gota las penas, secas, se quedan.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Richard Wilbur (1921-2017)

La escritora

En su habitación, en la proa de la casa,
Donde la luz se rompe, y las ventanas se arrojan con tilo,
Mi hija está escribiendo una historia.

Me detengo en la escalera, escuchando
Desde su puerta cerrada una conmoción de teclas de máquina de escribir
Como una cadena arrastrada sobre la borda.

Joven como es, las cosas
De su vida son una gran carga y, una parte, pesadas:
Le deseo un viaje afortunado.

Pero ahora es ella quien hace una pausa,
Como para rechazar mi pensamiento y su figura fácil.
Una quietud se agranda, en la cual

Toda la casa parece estar pensando,
Y luego ella está de nuevo en ello con un clamor agrupado
De golpes, y de nuevo está en silencio.

Recuerdo al aturdido estornino
Que estuvo atrapado en esa habitación, hace dos años;
Cómo entramos, abrimos la ventana

Y nos retiramos, para no asustarlo;
Y cómo por una hora indefensa, por la rendija de la puerta,
Vimos a la elegante, salvaje, oscura

E iridiscente criatura
Batir sus alas contra la brillantez, caer como un guante
Contra el piso duro, o el escritorio,

Y lo esperamos entonces, jorobado y sangriento,
que con ingenio lo intentara de nuevo; y cómo nuestros espíritus
gozaron cuando, de repente seguro,

Despegó de una silla de respaldo,
Tomó un curso suave hacia la ventana derecha
Y se fue despejando el umbral del mundo.

Siempre es una cuestión, querida,
De vida o muerte, como lo había olvidado. Deseo
Lo que te deseé antes, pero más difícil.

Ricardo (Emilio) Piglia (Renzi) (1941-2017)

“Miro críticamente ciertas decisiones de mi vida que fueron tomadas en función del futuro de mi literatura. Por ejemplo, vivir sin nada, sin propiedades, sin nada material que me ate y me obligue. Para mí elegir es desechar, dejar de lado. Ese tipo de vida define mi estilo, despojado, veloz. Hay que tratar de ser rápido y estar dispuesto a dejar todo y escapar...”

“¿Cómo se convierte alguien en escritor, o es convertido en escritor? No es una vocación, a quién se le ocurre, no es una decisión tampoco, se parece más bien a una manía, un hábito, una adicción, si uno deja de hacerlo se siente peor, pero tener que hacerlo es ridículo, y al final se convierte en un modo de vivir (como cualquier otro)..."

“La ilusión es una forma perfecta. No es un error, no se la debe confundir con una equivocación involuntaria. Se trata de una construcción deliberada, que está pensada para engañar al mismo que la construye. Es una forma pura, quizá la más pura de las formas que existen. La ilusión como novela privada, como autobiografía futura..."

“Tengo que comprender que solo mi literatura interesa, y que aquello que se le opone debe ser dejado de lado y abandonado, como he hecho siempre desde el principio. Esta es mi única lección moral. Lo demás pertenece a un mundo que no es el mío. Soy alguien que se ha jugado la vida a una sola baraja..."


Los diarios de Emilio Renzi. Años de formacion

Tuits de Halloween


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"Quid pro quo", dijo el niño de los Lecter cuando vino a pedir dulces. Cerré la puerta pero sigue ahí. ¿Qué hacemos?

* * * * *
Después de una noche de dormir furiosamente entre ideas verdes incoloras el monstruo de la laguna despertó convertido en Chomsky.

* * * * *

No le llames suicidarse, dijo, sino elidir ciertas ciertas cláusulas con el verbo vivir.

* * * * *

¿Es porque no estoy vivo?

* * * * *

Vampirismo: elipsis total de sol.

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"It's alive! It's alive!", gritaba frenético el doctor Frankenstein junto al altar de muertos.

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El zombie fue a pedirle un dulce a su momia pero salió ghosteado.

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En la Cineteca le negaron dulces al niño disfrazado de El Santo. A puro cosplayer le dieron golosinas.

* * * * * 

¿No me oyes? No es tu imaginación. Pega tu oído al piso.
Estoy aquí, abajo de ti, disfrazado de corazón delator.

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Si en la pantalla sale un "mostro" de repente por supuesto que brincas del asiento... pero de ahí que a cualquier pinche susto lo llamen terror hay otro brinco, que no cualquiera.


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Twitter: Corazón Todito

Yevgueni Yevtishenko (1933-2017)

¡La mitad no quiero de nada!

La mitad no quiero de nada!
¡Que sea mío el cielo todo!
¡La tierra toda, mía!
Mares y ríos, el torrente de la montaña,
¡míos! No los comparto.

No me seducirás, vida, con una parte.
¡Será todo o nada! ¡Yo podré con todo!
N o quiero ni la felicidad
ni el dolor a medias.

¡Quiero, sí, la mitad de la almohada
donde, pegado a tu mejilla,
como una pobre estrella fugaz,
fulgure el anillo de tu dedo...

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