domingo, 1 de noviembre de 2026

Vine a verte - Cuauhtli Rangel

Espero no despertarte, corazón. La luz de las velas tiembla en tu sala y el olor del cempasúchil se cuela hasta tu cuarto. Te veo dormida con tu familia, amontonada en la cama porque tienes a un par de chiquitos peludos y orejones acurrucados a ti y a tu esposo. Los amo tanto. Cómo me hubiera gustado estar con ustedes para disfrutar de unos tacos de huevito y actualizarnos del chisme diario. Veo el pan de muerto y una foto mía que ya ni recuerdo cuándo me la tomaron. El molito te quedó maravilloso, por cierto, mi chiquita.

Por aquí anda un pequeño brincando por todos lados, sus pelos dorados ondean casi como una criatura mágica. Vino a saludarlos, también les agradece por sus croquetas que le dejaron. Se quedó un rato oliendo las flores que pusieron en la ofrenda; el muy canijo hasta levantó la patita en el sillón, lo bueno es que no tendrán que limpiar en la mañana. Sobre el altar está nuestro minino, gracias por acordarte de él y ponerle su latita de atún, justo como le gustaba comer.

A mi lado está una señora muy distinguida, dice amar el baile. Creo que es la abuelita de tu esposo. Me enseñó unos pasos muy divertidos, también me platicó de su infancia en Chiapas, de cómo le gustaban unos dulces de por allá. Anda contenta porque le pusieron su cafecito negro.

Descansa, mi niña. Me llena de paz verte tan plena. Te confieso, es una preocupación menos para mí. Me debo retirar, aún debo visitar a tus hermanos para darles su besito y la bendición.

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