Al cruzar el patio he visto su cara
pasó ante mí
Incierta transparencia.
La he visto en la aureola moribunda de mi padre
apenada cerró los ojos para que él hablara
para que llamara a no sé qué mujeres
qué amores intensos
qué espinas en los labios.
La descubrí en el aliento del pordiosero
antes que la sábana del mediodía cubriera la miseria de su alma.
La he oído rondar en cementerios similares a páramos
y en aquellos sembrados de ángeles y ninfas
se agazapa entre alcatraces y gladiolas
se confunde entre los deudos
provoca risa su dolor fingido,
en ocasiones consuela alguno con palabras mustias
lo arropa y murmura
muy quedo
tú sigues.
Acompaña mis días
no acecha
acompaña
madre cautelosa que espera prudente
el momento del abrazo.
Cuando sonríe le pregunto
y ella responde para evaporar mis ansias.
La veo atrás de mí en las vidrieras
o jugando a borrar mi sombra cuando atardece
no me asusta
la amo
por saberse querida agrega tiempo al tiempo
al mío
insinúa que me odia
no hay duda
me odia y por eso me deja estar aquí
esperándola.
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